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Fashion revolution, o la revolución de la moda consciente Moda 

Fashion revolution, o la revolución de la moda consciente

¿Sabés quién hizo tu ropa? No hablamos de qué marca te la vendió, sino quién (o quiénes) fueron aquellos que cortaron el molde, cosieron cada botón, plancharon la prenda y le pusieron la etiqueta final. Desde el 24 al 30 de abril se celebró la Fashion Revolution Week, una campaña mundial que busca promover que las condiciones de trabajo de todas las personas involucradas en la confección de indumentaria sean óptimas, así como reducir el impacto ambiental que genera su confección. Esta iniciativa fue creada en Inglaterra por dos diseñadoras tras el derrumbe del edificio Rana Plaza, en Dacca, Bangladesh, el 24 de abril de 2013, en el cual murieron 1.133 personas que hacían ropa para una docena de marcas a nivel mundial: pasaron semanas para que algunas de esas firmas reconocieran haber tenido contrato con estas fábricas, a pesar de haber encontrado sus etiquetas entre los escombros.

En la reciente Bogotá Fashion Week celebrada en la capital colombiana, varias diseñadoras presentaron propuestas vinculadas con el “slow fashion”, una moda “lenta” que propone llenar el placard con ropa “no perecedera”. La experimentada Amelia Toro -quien ya mostró sus creaciones inspiradas en el arte indígena tradicional en la Fashion Week de Nueva York- trabaja por los empleados de su taller (la mayoría, madres solteras): los forma para que sean capaces de hacer cada pieza de principio a fin, en una lógica contraria al trabajo en cadena. Después de conocer cómo se trabajaba en otras partes del mundo, como India, creó su propia empresa y quiso contribuir en la formación de sus empleados y “devolverles” su identidad en la confección de cada prenda, al punto de pedirles a cada uno que firme con su nombre la etiqueta de cada prenda que confecciona. Lina Fernández, por su parte, generó una ovación de pie cuando incluyó en la última pasada de su desfile a las costureras y tejedores que hicieron las piezas que se vieron minutos antes sobre la pasarela.

 

La diseñadora colombiana Diana Gómez (27) contó a Clarín que se sumó a la campaña Fashion Revolution con la convicción de que la moda no debe seguir la tendencia, sino buscar la trascendencia: “Se trata de pensar cómo una prenda puede ser más que solo eso y convertirse en una señal de protesta. Con la ropa que hago busco contar historias, construir vínculos para que deje de ser una cosa más para comprar y tirar y que se convierta en algo que podemos comprar y conservar. Por eso busco hacer prendas atemporales y trabajo con materiales más durables (y en preferencia orgánicos)”.

Extender la vida de las prendas que usamos es otro de los puntos que trabaja dicha iniciativa. El “fast fashion” -es decir, esa moda desechable que busca capturar una tendencia y por eso se produce rápido y a bajo costo- es en gran parte responsable de esto. Si bien ese color de moda, un estampado particular, un tipo de taco o un corte determinado seducen en una primera instancia a los consumidores, esta lógica se basa en que la temporada siguiente esa prenda ya parezca “vieja” o “fuera de tiempo”. Por eso, en el último Fashion Transparency Index (Índice de Transparencia de la Moda 2017) publicado por Fashion Revolution en su sitio web describe que, de cien firmas relevadas a nivel mundial, solo Levi Strauss y Gucci promueven actualmente servicios para extender la vida de sus productos.

Fashion revolution

Nuestro país -donde también existe el trabajo esclavo en talleres clandestinos- se sumó a la convocatoria con charlas temáticas en un bar de Palermo. Sustentabilidad, moda ética e impacto social fueron algunos de los temas de debate en modalidad after office. En ese marco también se dictaron algunos talleres, como uno de parches: “El hacer manual es una herramienta que nos permite corrernos del lugar de espectador pasivo y ser participantes concretos dando forma al mundo que deseamos, y transformar la protesta en algo positivo”.

fuente: Clarín

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