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El canto de la sirena – The Mermaid’s song Blog Historias Literatura 

El canto de la sirena – The Mermaid’s song

El camarero me entregó el café con leche templado que le había pedido y me dirigí a la mesa habitual. Me encontraba en la cafetería que está frente a la universidad, cada vez que mi tiempo me lo permitía me acercaba hasta allí, no tanto para recordar los buenos momentos que pasé hace miles de años, como para rodearme de aquel bullicio divertido de la juventud.

El ambiente que se respiraba no lo había encontrado en ningún otro sitio y era una buena manera de pasar mis horas de ocio, que no eran muy abundantes ya que mi tedioso trabajo de oficina ocupaba gran parte de mi vida.

Me sentaba allí a observar y a escuchar a los grupos de jóvenes universitarios mientras tomaba un café. A lo largo del curso lectivo casi podía saludarlos por sus nombres y no pocas veces me dieron ganas de preguntarles como les había ido tal o cual cosa sobre las que les había oído hablar algún día anterior, pero no lo hice nunca.

Había un grupo en concreto que llamaba mi atención, eran tres chicas y cinco chicos.

Los temas sobre los que discutían eran diversos y profundos, cargados de argumentos muy válidos en general, eran unos soñadores y sabían cómo resolver los problemas del hambre en el mundo, ya sean los de amor del vecino de al lado o los financieros de su barrio. Me hacían sonreír muchas veces.

Ese día, llamó mi atención una de las chicas que por lo general iba muy bien arreglada, y siempre se reía con una carcajada muy contagiosa, justo por todo lo contrario, no iba maquillada y muy despeinada. Las ojeras muy pronunciadas y oscuras, como atuendo un chándal que bien podía haberlo llevado puesto durante una semana completa. Me costó reconocerla cuando entró y creo que a sus amigos también les causó la misma impresión, por los comentarios que oí a su llegada.

Se sentó con un café doble bien cargado, acto seguido pidió silencio a sus compañeros y comenzó a hablar casi en susurros, por lo que no pude oír nada, casi me levanto y me siento con ellos pero me contuve. Solo pude oír las protestas de los chicos que no estaban de acuerdo o algo les había molestado de lo que su compañera estaba contando porque comenzaron a recriminar y casi a ridiculizar lo que había dicho la joven demacrada.

Vi como esta se enfadaba y levantándose de la silla a la vez que daba un sonoro golpe en la mesa y mirándoles desafiante a los ojos a cada uno de ellos les espetaba:

-No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia ¡Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño!

Todos se quedaron callados, creo que toda la cafetería se quedó en silencio o al menos eso me pareció. Sus amigos se quedaron perplejos y yo tanto como ellos. No articularon palabra alguna mientras veían como recogía su mochila y su café para sentarse en la mesa que estaba a mi lado. Se acomodó frente a la ventana, sacó su tablet y se puso a escribir.

No era mi intención pasar allí toda mi mañana libre, pero después de aquello, no podía marcharme sin saber que era lo que le estaba pasando a aquella joven.

Pasaron un par de horas en las que tomé otro café, un aperitivo y tres o cuatro cervezas, leí dos periódicos e hice un crucigrama mientras ella escribía sin parar a la vez que la expresión de su cara iba cambiando, si tuviese que explicar la sensación que me estaba produciendo al verla, yo diría que estaba vaciando su vida en aquel escrito, que la iba dejando allí a medida que tecleaba. No podía dejar de mirarla.

De pronto paró de escribir, me miró fijamente a los ojos un instante, de su mochila sacó una botella de agua y la puso en la mesa frente a ella.

Miraba aquel simple objeto con total devoción. La tocó con las yemas de los dedos acariciando suavemente su perfil, como se puede acariciar un rostro, una joya, una obra de arte o un frasco de veneno, como se puede acariciar en una declaración de amor una despedida o la confirmación de algo importante que va a suceder o que ha sucedido.

Suspiró profundamente, se levantó de la silla y con la tablet en una mano y la botella de agua en la otra se dirigió a la mesa de sus compañeros que dejaron la animada charla que sostenían al verla llegar.

Se puso frente a ellos y comenzó a leer lo suficientemente alto como para poder oírla perfectamente, poco a poco todo el mundo en la cafetería se fue callando para escuchar lo que aquella joven que parecía tan cansada les tenía que contar.

Habló de necesitar dinero para seguir estudiando, de un proyecto en un laboratorio, de aprovechar la experiencia para elaborar su tesis de fin de carrera, de los horrores que allí había visto y de las terribles pruebas a las que fue sometida durante el proceso.

Todos escuchábamos boquiabiertos, lo que aquella personita que parecía menguar más y más a medida que iba leyendo su historia, nos quería demostrar.

Había acabado su tesis, fue al decir esto en el único momento en que sonrió, fue una sonrisa amarga, de derrota, no había satisfacción ninguna en ella.

Sus amigos en ese momento asintieron y uno de ellos con tono burlón, a pesar de la situación, dijo:

-Por fin, ¿te convenciste de que no existen?

Ella le miró fijamente, con una mirada incrédula, no habían entendido nada, no comprendían nada…

Sintió como le fallaban las fuerzas y cada vez le costaba más seguir en pie y no desmayarse.

Abrió la botella del agua, les miró a todos de uno en uno y con un susurro dijo lo que le hubiese gustado gritar y no pudo.

-Existen, existimos, pero duele demasiado…

Levantó el brazo y se echó el agua por encima.

Lo que presenciamos en aquel instante no podremos olvidarlo jamás.

Aquella desaliñada chica cayó desplomada al suelo, ya que su enorme cola de pez irisada no la sostenía en pie, su rostro se tornó hermoso y lleno de vida. Su hermoso cabello cayó en una cascada de rizos perfectos sobre su torso.

No dábamos crédito a lo que estábamos viendo, era un ser verdaderamente hermoso. Nos miraba con ojos curiosos, estudiando nuestra reacción al verla en lo que se había convertido. Esa mirada se fue tornando en preocupación, fue cuando vi como a los lados del cuello sus branquias luchaban por conseguir el oxígeno que necesitaba para vivir.

Me miró y negó con la cabeza levemente mientras que con la voz más dulce que jamás he escuchado, cantó una canción mientras su vida se iba apagando a medida que las notas se perdían en el aire, el mismo aire que la estaba matando.

En la mesa se encontraba su tablet, con el relato escrito rato antes, que tenía un título enorme en morado:

LAS SIRENAS EXISTEN, YO LO SÉ.

The waitress brought me the lukewarm coffee with milk that I had ordered and I made my way to my habitual table. I was in the coffee shop in front of my university. I went there every time I could, not to remember the good moments I spent there a long time ago, but to get surrounded by the funny noises of youth.

I could never find a place like that and it was a good way of spending my free time, which was not so many since my hard work at the office took a great part of my life.

I sat there to look and listen to the groups of young students as I drank a cup of coffee. As the lessons went by, I could almost remember all their names and I usually wondered how they had done in the things they were talking about the previous day, but I never asked them anything.

There was a particular group that called my attention, made of three girls and five boys.

They had diverse and deep debates, full of valuable arguments in general. They were dreamers and knew how to solve hunger issues in the world, whether it came from the lovers of their neighbors or the financial issues of their niche. They made me laugh sometimes.

That day, a girl, who usually looked very elegant and had a contagious laugh, particularly surprised me. On the contrary, she was not wearing any make-up and her hair was a total mess. She had dark and deep bags under her eyes, and she was wearing a tracksuit, which she seemed to have been wearing for a week. I found it difficult to recognize her when she came in and I believe the same happened to her friends, in accordance to the comments I heard when she arrived.

She sat with an extra large coffee, then she asked her mates to make silence and started to whisper, for which I could not listen to her words. I almost got up and sat with them, but I did not. I could only hear the complaints of the guys, who disagreed upon something or were offended by what she said, for they started to criticize and almost make fun of what the tired lady said.

I saw her get angry, hit the table, which made a loud noise, and throw them a rebellious glance:

– I do not expect or request anyone to believe in the weird but simple story I am about to write. I would be crazy if I did so, when my own senses deny its evidence. But I am not crazy and I know that this is not a dream!

They all remained silent, I believe the entire coffee shop muted, or so it seemed to me. Her friends looked as surprised as I did. They did not say a word, as they looked as she took her backpack and her coffee to sit down in a table next to mine. She sat by the window, took her tablet out and began to write.

I had no intention to spend all my free morning there, but after such an event I could not leave without knowing what was going on.

A couple of hours passed by while I drank another coffee, ate something and ordered three or four beers. I also read two newspapers and made a crossword while she wrote without a pause and the expression in her face changed. If I had to explain what I felt when I saw her, I would say she was telling all her life in that story, which she was writing there as she pressed the letters on the keyboard. I could not avoid looking at her.

Suddenly, she stopped, looked at me in the eyes for a second, took a bottle of water from her backpack and placed it in the table in front of her.

She looked at that simple object with total devotion. She touched it with her fingertips softly feeling its profile, as if it where a face, a jewel, a piece of art or a jar full of poison, just like one can touch in a love confession or a farewell, or in case of the confirmation of an important even which is about to happen or has just taken place.

She took a deep breath, got up and, with the tablet in one hand and the bottle in the other, she went to the table where her mates stopped their talk when they saw her get near.

She was placed in front of them and started to read, loud enough to let me perfectly hear her. Little by little, all the people in the coffee shop got quiet to listen to what that lady, who looked so tired, had to tell.

She spoke about needing money to keep on studying, of a project in a laboratory, of taking advantage of the experience to prepare the final thesis of her career, of the horror she had seen there and the terrible tests she faced throughout the process.

We were all hearing what that little lady has demonstrating as long as she read her story with our mouths open.

She only smiled when she said her thesis was over, but it was a bitter smile, a smile of a lost battle, she felt no satisfaction.

Her friends said yes and one of them, who was making fun of her, in spite of the situation, said:

-At last you got convinced they do not exist?

She looked at her firmly, with a skeptical look, they did not understand a thing…

She felt how her strength was failing and it was harder each time to stay on her feet and not fainting.

She opened the bottle, looked at all of them, one by one, and whispered what she would have liked to shout, but could not.

-They exist, we exist, but it hurts too much…

She raised her arm and spilled the water over her body.

What we saw in that moment will never be forgotten.

That messy girl fell to the floor, for her enormous fish tail could not let her stand on her feet, her face turned beautiful and full of life. Her beautiful hair fell like a waterfall of perfect curls over her torso.

We could not believe what we were seeing. It was a really beautiful creature. She looked at us with curious eyes, studying our reaction when realizing in what she had turned. Her look turned into worry, and in that moment I saw how the gills on her neck fought to get the oxygen she needed to live.

She looked at me and denied with her head while, with the sweetest voice I have ever heard, sang a song, as her life faded away in the notes that got lost in the air, the same air that was killing her.

In the table, there was her tablet, with the story she had written before, which had a big violet title:

MERMAIDS EXIST, I KNOW THEY DO.

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One thought on “El canto de la sirena – The Mermaid’s song

  1. I couldn’t refrain from commenting. Perfectly written!

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