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El silencio de tu nombre – The silence of your name Blog Historias 

El silencio de tu nombre – The silence of your name

Hoy no tengo razón para levantarme. La luz se cuela a cortes por las rendijas minúsculas de la persiana gris ribeteando la pared frontal, como si en código Morse quisiera transmitirme tu adiós. El silencio lo envuelve todo. Hoy la atmósfera no se impregna de olor a café, a pan tostado con sabor a mermelada de frambuesa, con la que tantas veces jugamos. No acierto a ver nada más allá de las paredes de esta habitación de la que no quiero salir. Giro la cabeza, despacio, con los ojos entreabiertos, temerosos, aquellos con los que miraba de pequeña los dibujos de terror sabiendo que me vería sorprendida en cualquier momento. Y temo encontrar lo que sé que encontraré: las sábanas arrugadas y frías sobre la superficie plana de tu lado de la cama. Una lágrima silenciosa resbala por mi rostro y se funde con el aroma que tu almohada desprende. A ti. Huele a ti y me deshago entera. No puedo dejar de abrazarla, de apretarla contra mi pecho para calmar el dolor profundo que me parte en dos. Cierro los ojos y tu imagen me asola, me seduce, hasta me hace sonreír por un instante pensando que tu marcha fue un sueño, un mal sueño del que pronto despertaré. Respiro agitada y elevo mi mano al aire posando mi dedo sobre tus labios para hacerte callar. No quiero escuchar de nuevo tu despedida. No. Otra vez, no.

El aire se vuelve denso, caliente y húmedo por mi propia respiración que parece apagarse lentamente. Me pesan las piernas y mi cabeza gira, me siento perdida y apresada en el mundo oscuro que se me viene encima. Todos mis sentimientos resurgen a la vez y me aplastan, me asfixian, me oprimen exigiendo una respuesta que ni yo tengo. Por qué te dejé marchar. Por qué te dejé marchar. ¿Por qué? Mi cabeza y mi alma no encuentran la respuesta. Rompo a llorar curvada sobre mí misma en un afán por abrazar mis entrañas destrozadas y grito tu nombre al viento, una y otra vez, con la cordura ida y el corazón muerto. Nadie me escucha, nadie acude a consolarme y a advertirme que volverás, que me rodearás con tus brazos, que me acurrucarás y besarás mis lágrimas derramadas por ti.

Cierro los ojos, porque observar tu ausencia pesa demasiado, tanto que mi alma sangra…

Y me sumerjo de lleno en el amargor de la impotencia, de la ida sin retorno, golpeándome a mí misma oprimida por la angustia. ¿Por qué no te miré? ¿Por qué no te sonreí más a menudo? ¿Por qué no te alabé cuando así lo merecías? ¿Por qué me ofusqué tantas veces con menudencias intrascendentes? ¿Por qué no te cuidé? ¿Por qué no me asomé a tus ojos para adivinar que me querías? ¿Por qué nunca te dije que te amaba? ¡Maldita sea, ¿por qué nunca te dije que te amaba?! ¿O es que acaso ni yo lo sabía?

Ahora fluye. Ahora todo fluye como un manantial fuerte y poderoso. Ahora fluye para asediarme y para matarme. Ahora que ya no volverás… Y ya no hay marcha atrás.

Today, I do not have a reason to wake up. The light comes through the tiny spaces of the grey blind on the front wall, as if in a Morse code it would want to report me about your goodbye. The silence embraces it all. Today, the atmosphere does not smell like coffee, like toasted bread with raspberry jam, with which we played so many times. I cannot see beyond the walls of this room, which I do not want to leave. I turn my head, slowly, with my eyes half open, fearful. They are those eyes with which I looked at those horror caricatures, since I was a little girl, knowing that I would be surprised at any moment. And I fear to find what I know I will find: cold and wrinkled sheets over your plain side of the bed. A silent teardrop slides through my face and melts with the smell your pillow emits. You. It smells like you and I entirely break up into pieces. I cannot stop hugging it, stretching it against my chest to calm the deep pain that breaks me in two. I close my eyes and see you. You seduce me until you make me smile for a while, thinking that the fact that you left was a dream, a bad dream from which I will soon awake. I breathe bumpy and throw my hand up in the air, putting my finger on your lips to make you quiet. I do not want to hear your goodbye again. No. Not again.

The air becomes heavy, hot and wet, out of my own breath, which seems to slowly shut down. My legs feel heavy and my head turns. I feel lost and imprisoned in the dark world that comes over me. All my feelings are reborn together and squash me; they strangle and crush me demanding an answer I do not have. Why did I let you go? Why did I let you go? Why? My head and my soul cannot find the answer. I begin to cry, bending over myself, trying to embrace me and I scream out for your name to the wind, over and over again, with no sanity and a dead heart. Nobody hears me. Nobody comes to comfort me and tell me you will come back. You will surround me with your arms, hug me and kiss the teardrops I spilled for you.

I close my eyes, because observing your absence weighs too much, so much that it makes my soul bleed…

And I entirely submerge in the bitterness of impotence, of the leaving without coming back, striking myself oppressed by anguish. Why haven’t I looked at you? Why haven’t I smiled at you more? Why haven’t I adored you when you deserved it? Why did I stop so many times in unimportant things? Why didn’t I take care of you? Why didn’t I look in your eyes and guess that you loved me? Why didn’t I ever tell you that I love you? Damn it, why haven’t I ever told you that I loved you?! Or is it that I did not know it?

Now, it all flows. It all flows like a strong and powerful natural spring. Now, it flows to catch and kill me. Now, that you will not come back… And there is no possibility to turn things around.

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