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Ciudad Blanca año 1003 de la Era de los Mortales – ⁠⁠⁠White City year 1003 the Era of Mortals Blog Historias 

Ciudad Blanca año 1003 de la Era de los Mortales – ⁠⁠⁠White City year 1003 the Era of Mortals

⁠⁠⁠La reciente primavera regala un paisaje floral. Entre las laderas de las cordilleras, diferentes variedades de flores rojas, violetas, amarillas y naranjas, están a punto de abrir y pintan de multicolor el trasfondo verdoso de las mismas. Un río, formado por los deshielos de la nieve, que el cálido clima primaveral acababa de derretir, caía desde la cumbre de las montañas y unos árboles que lo rodeaban al costado del pie de la misma, sirven de espejo para el rostro de Kaiilak, una joven elfa, la cual había emprendido un largo viaje. Se detuvo junto a su compañero de andanza, Dughort, un sable de fuego —precioso tigre blanco, perteneciente a la “Luna Negra”.

Kaiilak observó por un rato el reflejo de su mirada, la veía perdida y desganada. Acompañada del sonido del movimiento del agua, que golpeaban al saltar las piedras y respirando el aroma del aire puro, se echó un poco de agua mojando su larga melena dejando caer sus sedosos bucles por su espalda. Juntó sus manos, cerró sus ojos y bebió esa fresca y dulce agua de río para calmar su sed, compartiéndole un poco a su inseparable amigo. Kaiilak era un druida, perteneciente a la comunidad de Elfos de la Noche, llamada “Luna Negra” ubicada en Soulorth —un mundo lejano de Lácenor—. Tenía encomendada una misión, si algo haría bien esta Elfa, era proteger y cuidar a quien se le encomiende. Los druidas controlan los enormes poderes de la naturaleza para mantener el equilibrio y proteger la vida —similares a los de Korelda, Diosa de la naturaleza y neutralidad en Lácenor—. Con experiencia, ellos pueden desatar la energía bruta de la naturaleza contra sus enemigos, lanzando una furia celestial sobre ellos desde muy lejos, atrapándolos con vides encantadas o frenándolos con ciclones implacables. Esta raza también puede dirigir este poder para sanar heridas y restaurar la vida de los aliados caídos. Están en profunda sintonía con los espíritus animales de Soulorth. Como maestros en cambios de formas, los druidas pueden adoptar el aspecto de varias bestias, convirtiéndose en oso, felino, gato, cuervo o león marino fácilmente y cada uno con talentos diferentes.

Trundill —tierras pertenecientes a Soulorth— fue la cuna druida desde hace miles de años. El Árbol de la vida, creado y bendecido por los Dragones de Fuego, era vital para estos seres mágicos. Este gigante árbol, poseía muchísimos troncos en sus costados y en cada uno de ellos estaba construida una pequeña casita de madera donde los maestros sacerdotes, hechiceros, guerreros y magos habitaban e instruían con sus poderes a estos elfos para ser cada vez superiores y conseguir los poderes absolutos para luchar, proteger y sanar a quienes lo necesiten.

El Árbol de la vida otorgaba inmortalidad y juventud eterna a esos pacíficos elfos. Su manto de hojas brillaba como luciérnagas de día y de noche, decorando el paraíso lleno de estrellas, en ellas se podía ver la magia y la belleza vistiendo su entrelazado tronco. Kaiilak, llena de vida, de hechizos y con un alma pura, estaba preparada para cumplir su misión.

Debía encontrar a Dharmia, quien estudiaba en la Escuela de Magia del Maestro Saloor. Sabía por la información que le habían dado que regresaría a sus tierras en estas fechas. Kaiilak se encontraba allí —en Orium— donde la paz había dejado de reinar desde hace unos meses. La elfa sabía muy bien que debía estar atenta a los grupos de caballería de la Orden Blanca, comandada por el Paladín Blanco, Lord Cirn DeNekut, —servidor de Isilwentari, Diosa luminosa —quien viajó desde Madoria— ciudad fronteriza de Orium —en auxilio de la propia gente del lugar. Esta hermosa elfa, de piel clara y suave como porcelana; tenía el rostro ovalado, ojos grandes, grises e intensos, mostrando su tierna y profunda mirada que en un segundo, podía transformar en odiosa y diabólica ante sus enemigos; separados por una pequeña nariz delicada y respingona. Su boca delineada dejaba a la tentación sus brillantes y carnosos labios. En sus mejillas un sombreado rosado dejaba la perfección en su atractivo semblante, con unas graciosas orejas oblicuas, grandes, afinándose hacia la punta. Kaiilak, vestía de manera especial, todas sus prendas estaban encantadas y daban más poder a la hora de la batalla. Vestía unos pantalones largos beige de cuero —leotardos de energía—, marcando sus largas y musculosas piernas. Una coraza marrón —guardián de vida— que lucía en su exuberante pecho por encima de una blusa blanca. Ciñendo su cintura, usaba un cinturón negro con una hebilla hechizada con luz eterna —para alejar los malos espíritus.

Sus brazaletes poseían poderes de la Guardiana Anatasa, eran el complemento de sus estilizados y largos brazos. Una insignia de cristal violeta con una pequeña piedra rubí, colgaba de su tentador cuello. Sus manos eran delgadas y sus dedos finos, muy largos, terminando con unas uñas en punta, del color de sus mismos ojos. Una corona pequeña adornaba su frente junto a una piedra que aumentaba la concentración de su mente. Por último su tabardo de fondo rojo, con el dibujo del escudo de la Hermandad “Gran Fuego” —la cual pertenecía— exponía la cara de un tigre salvaje, mostrando sus afilados colmillos y con cuernos gigantes, en color blanco. Las elfas, si tenían algo que no se podía negar, era la sensualidad que desprendían al andar, además acompañadas por un físico muy llamativo, por exuberantes pechos y caderas, con cintura de avispa. Bellas de naturaleza, amistosas y bien dispuestas al servicio de la humanidad. Dughort, su sable de fuego, tenía una buena armadura mágica y fuerte, con grandes poderes. Él también poseía dones, como el quedar invisible y caminar agazapado entre el enemigo sin que lo detecten. Kaiilak podía hacerlo desaparecer con un simple hechizo mágico, usando su insignia. Su ataque era demoledor, brutal, sus enormes colmillos eran capaces de perforar los huesos con apenas morderlos. Su tamaño duplicaba a cualquier tigre normal. Despellejaba y desgarraba sin piedad en pleno estado de furia. Su pelaje tan blanco se confundía con la nieve si no fuera por sus líneas negras que decoraban su suave pelaje, suave como el mismo algodón. Con pasos firmes, demostraba su llegada valiente por donde camine. Movimiento calmo pero audaz en su marcha, luciendo su perfección y la de su bella guardiana⁠⁠⁠⁠. Su mirada era atrayente, verdosa con líneas negras, ofuscaba a quien lo mirara.

⁠⁠⁠Kaiilak y él eran el conjunto perfecto. Él poseía la fuerza y coraje; ella, la intuición y la sabiduría. Kaiilak decide por fin retomar su camino. Disfrutando a la vez de tan agradable y vistoso paisaje, no dejaba de estar atenta mientras iba dejando a lo lejos, unos cachorros de osos, unos ciervos y algún que otro aguilucho revoloteando por los altísimos árboles, dando comienzo al bosque. Sus madres hambrientas, estaban al acecho. El sonido era especial, una mezcla del último cantar de los pájaros, se confundían con aullidos perdidos, del eco que se formaban en las montañas del otro lado del bosque. Unos enormes y tupidos pinos, estaban tapados por la densa neblina que se estaba formando al atardecer, adentrada ya en medio de la maleza, debería cruzar el bosque para salir al otro lado de la montaña.

⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠Un grupo de brujas pertenecientes a la llamada “Alma Negra” estaban escondidas en sus casas de maderas en lo más alto de los pinos. Usaban sus altos troncos y a través de caminos de madera unían, entre uno y otros, las pequeñas casitas que montaban en lo más alto, para pasar desapercibidas. Mientras cabalgaba en su sable de fuego, escuchando cada vez más fuerte el cotorrear de los loros que revoloteaban cerca, Dughort quedó dentro de un círculo violeta que brillaba en el suelo, impidiéndole el paso. La elfa dio un salto para bajar de él y protegerlo, dejándolo invisible a través de su hechizo, evitando hacia él, el ataque directo de las brujas. Ella se cubrió con un manto de hojas verdes desprendiendo ondas brillosas de colores, flotando a su alrededor, dándole vida y más poder.

Sin dudar la bruja la atacó y logró dejar a Kaiilak inmóvil, atrapada por unas raíces gruesas que nacían del interior de la tierra velozmente, enredándose entre sí, en las fuertes piernas de la elfa. Kaiilak, logró destruir ese hechizo con un encantamiento y, con su insignia apuntándola, disparó hacia la malvada hechicera logrando formar una corona de rayos azules y rojos que giraba alrededor de su cabeza, dejándola a su enemiga adormecida por un buen rato. Kaiilak con un hechizo se vistió con una túnica blanca de seda muy larga ceñida en su cintura.

⁠⁠⁠⁠En ese instante aprovechó a montar rápidamente en su compañero para escapar del lugar. El paisaje del bosque iba quedando a espaldas de ellos junto a los estridentes chillidos de las aves. Dughort corría a gran velocidad dejando su pelaje libre al movimiento del viento, sus patas se hundían en la nieve que dejaba la reciente ida del invierno en las zonas más protegidas de la luz del sol, en donde la gran maleza conservaba la humedad. De igual manera bailaban los cabellos ondeados de Kaiilak con el viento que provocaba el rápido trote de su mascota, colaborando así con la naturaleza, al regalar el perfume de jazmín de su dueña. Recorriendo caminos diversos, esquivando pequeñas colinas y pinos de varios colores y tamaños, al fin salieron del peligroso bosque. Su vista observaba un hermoso claro de luna. Ya anochecía, y unas gotas frías comenzaron a deslizarse por la nariz de Kaiilak. En menos de un minuto el cielo se cubrió de grandes nubarrones negros y de diferentes gamas grisáceas. La luna desapareció por completo entre la negrura del cielo. Una suave brisa comenzaba a erizar su piel, y el silencio de la noche la obligó a detenerse y descansar en la taberna que se observaba al finalizar el camino.

⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠Al amanecer, unas pequeñas gotas de una suave llovizna dejan ver el sol y la primavera que se estaba terminando de instalar. Siguen camino logrando cruzar la montaña. Sintió un disparo, eso llamó su atención. Un cazador andaba por esos lados, debía tener cuidado por su amigo. El rugido de Dughort espanta al gato grisáceo que acaba de pasar asustado huyendo del disparo y de él, a toda velocidad. Kaiilak, sin dar mucha importancia al juego de gatos que hacía su amigo, logró ver a Dharmia que caminaba hacia casa de su tío. Con sigilo la siguió durante unas horas, a través de su encantamiento de invisibilidad y silencio, tanto para ella como para su tigre, asegurándose que llegue sin problemas hasta la casa de Braston —su tío— el cual se emocionó muchísimo al verla. Permitió que viva su reencuentro familiar junto a Óliver, su primo. Sin dejar de observar, desde arriba del techo, esperó a que saliera. Al rato miró que marchaban de la casa junto a su tío, camino a la ciudad

⁠⁠⁠⁠Su misión se había cumplido con éxito. Kaiilak y Dughort regresaban a su mundo atravesando el portal mágico, un poder infaltable.

Last spring offered a landscape full of flowers. Between the mountain ladders, a wide variety of red, violet, yellow and orange flowers were about to open, and they painted in colors the green vegetation. A river, made of the melting of the snow, caused by the heat of spring, fell from the top of the mountains, and some trees that surround it seem likea mirror for Kaiilak, a young elf, who had started a long journey. She stopped with his partner of adventures, Dughort, a fire saber – a beautiful white tiger, which belonged to the “Dark Moon”.

Kaiilak stared at the reflex of her eyes, which seemed lost and tired. The sound of the water moving was her company, which stroke the stones when they jumped, as she breathed in the smell of fresh air. She took some water in her long hair, letting her silk curvy hair lay on her back. She put her hands together, closed her eyes and drank that fresh and sweet river water to calm her thirst, as she shared it with her inseparable friend. Kaiilak was a druid, who belonged to the Night Elf community, named after “Dark Moon”, which was located in Soulorth – a far away world from Lácenor -. She had to do a mission. If there was something this elf did well, was to protect and take care of everyone. Druids control the huge powers of nature to keep balance and protect life – similar to Korelda’s powers, the Goddess of nature and neutrality in Lácenor-. With experience, they can free the pure energy of nature against enemies, with an amazing fury over them from a great distance, trapping them with charms or stopping them with strong cyclones. This race may also use this power to cure wounds and bring fallen allies back to life. They are in deep connection with animal spirits of Soulorth. Since they are experts in shape changing, druids may take the aspect of many beasts, and turn into bears, felines, cats, ravens or marine lions easily, each beast with a different power.

Trundill – a land that belonged to Soulorth – has been the home of druids for centuries. The Life Tree, created and blessed by Fire Dragons, was vital for these magical creatures. That giant tree, had many trunks, each of which had a little wood house, where master priests, witches, warriors and magicians lived and taught these elfs with their powers so that they could be better and approach absolute power to fight, protect and heal anyone in need.

The Life Tree gave immortality and eternal youth to these pacific creatures. Its bed of leaves brightened like fireflies day and night, and so this paradise was full of stars, in which magic and beauty could be seen as they dressed the trunk. Kaiilak, who was full of life, charms and a pure soul, was prepared to accomplish her mission. She had to find Dharmia, who studied in Master Saloor’s School of Magic. She knew, due to the information she had been given, that she would return to her lands on this time. Kaiilak was there – in Orium – where peace had been gone some months ago. The elf knew very well that she should be focused on the White Order armies, which were commanded by the White Guardian, Lord Cirn DeNekut, – servant of Isilwentary, the luminous Goddess – who travelled from Madoria – a city that limited with Orium – to help the inhabitants of that city. This beautiful elf, whose skin was white and soft as porcelain, had a rounded face, wide grey and fierce eyes, which showed a sweet and deep look that for a second could be transformed in hateful and evil when she faced her enemies; her eyes were separated by a little and delicate nose. Her shaped mouth made her bright and big lips attractive. Her cheeks were pink, which made her look more beautiful, and she had some funny big ears, which got thinner in their end. Kaiilak was dressed in a particular way. All her clothes were enchanted and gave her more power in battles. She was wearing long beige pants made of leather – full of energy -, which fitted her long and muscular legs. A brown cuirass – kept her life – which she wore in her chest over a white blouse. Her waist was tightened by a black belt, which had an enchanted buckle that irradiated eternal light – to keep bad spirits away.

Her bracelets had the powers of Guardian Anatasa, and they completed her long arms. A symbol made of violet crystal with a little ruby stone, hanged from her attractive neck. She had thin hands and fingers, which were long, and ended in pointed nails, painted in the same color of her eyes. A little crown decorated her forehead with a stone that kept her focused. Lastly, she had a red shield of the Brotherhood of the “Great Fire”- to which she belonged – and showed the face of a wild tiger, with sharp fangs and enormous horns, colored in white. Something that elfs surely had was sensuality when they passed by, for they had an astonishing body, great breasts and hips, and a thin waist. They were naturally beautiful, as well as friendly and willing to help humans. Dughort, her fire saber, had a strong and magical armor, with great powers. He also possessed gifts, like being able to stay invisible and also walk among enemies without being detected. Kaiilak could make him disappear with a simple magical spell, using her insignia. His attack was fierce, brutal; his enormous fangs were capable of breaking bones with a simple bite. His size doubled the size of any ordinary tiger. He attacked with no mercy in an entire fury state. His fur was so white that it could be confused with snow, if it weren’t for the black lines that decorated his soft skin, which was as soft as cotton. With firm steps, he showed his brave arrival anywhere he walked. He moved calmly but firmly, delighting with his perfection and the perfection of his beautiful guardian. He had attractive eyes, green with black lines, which enchanted everyone.

Kaiilak and him were the perfect match. He had strength and courage; she had intuition and wisdom. Kaiilak finally decided to take her way. She enjoyed such a wonderful landscape, but yet she stayed focused as she left baby bears, deers and other eagles flying by the tall trees behind, which were the entrance to the woods.

Their hungry mothers were on the hunt. The sound was especial, a mixture of the last singing of the birds was confused with lost howls, from the echo of the mountains on the other side of the woods. Some huge and dense pine trees were covered bythe thick fog that appeared with the sunset. Once she entered, she had to cross the woods to get to the other side of the mountain.

A group of witches that belonged to “Dark Soul” hid in their wood homes on the top of the pine trees. They used the tall trunks and the wood paths to join the little homes they built on the highest part, so as not to be seen. As she rode on her fire saber, listening to the sound of the parrots, which was getting louder, Dughort got inside a violet circle that lighted the soil, preventing him from moving. The elf jumped to protect him, making him invisible with her spell and avoiding a direct attack from the witches. She covered herself with green leaves, which issued bright colorful waves that floated around her and gave her life and more power. The witch attacked without doubting and made Kaiilak unable to move, trapped in some strong roots that came from the inner part of the land fast, and tangled in the strong legs of the elf. Kaiilak managed to break that spell with a charm and by pointing her with her insignia, she shoot the evil witch, managing to create a crown of blue and red rays, which surrounded her head, making her enemy sleep for a while. Kaiilak used a spell to dress in a silk white tunic, which was very long and tightened around her waist.

In that moment, she took a chance to ride over her partner quickly, so as to escape from that place. The landscape of the woods was left behind together with the loud sound of the birds. Dughort ran very fast, with his fur on the wind. His paws got into the snow that showed the last signs of the winter in the areas in which the sun could barely reach and where the great vegetation kept its humidity. And so did the curly hair of Kaiilak dance with the wind that was caused by the fast running of her pet. This way, he gave nature the jasmine smell of his owner. They went through several paths, passing by small hills and pine trees of many colors and sizes, until they managed to get out of the dangerous woods.

His sight looked at a beautiful moonlight. Night was falling down and some cold drops began to slide through the nose of Kaiilak. In less than a minute, the sky was covered in black clouds, painted in different tones of grey. The moon disappeared completely in the blackness of the sky. A soft wind started to bristle her skin, and the silence of night made her stop and rest in the tavern she found at the end of the road.

The following day, little raindrops let the sun appear, and spring was evidently starting. They continued their journey managing to cross the mountain. She heard a shot, which called her attention.

A hunter was near, so she should keep an eye on his friend. Dughort’s roar frightened a grey cat that passed by running away from the shot and from him, as fast as it could. Kaiilak, without paying much attention to the game his friend played with cats, managed to see Dharmia, who was walking to her uncle’s house. She carefully followed her for hours, using her invisibility and silence charm, both over her and her tiger, making sure they would get with no trouble to Braston’s house – her uncle – who was very moved to see her. She allowed the family meeting with Oliver, her cousin. Without getting distracted, she waited on the roof for the lady to come out. Later, she noticed that she left the house with her uncle, to go to the city.

Her mission was successfully accomplished. Kaiilak and Dughort returned to their world through the magic portal, a great power.

 

 

 

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